En medio de los cierres temporales que en días recientes afectaron a diversos establecimientos, incluidas grandes cadenas comerciales, un actor silencioso volvió a quedar en pie: las tiendas de abarrotes de colonia. Con puertas abiertas y trato directo, estos pequeños negocios sostuvieron el abasto cotidiano cuando otras opciones desaparecieron del mapa comercial.
Durante las jornadas más complejas, las tienditas se transformaron en el punto de resistencia económica de los barrios. Ahí se resolvió lo urgente: alimentos básicos, artículos de uso inmediato y crédito de confianza para vecinos conocidos. Mientras plazas y franquicias suspendían operaciones, el comercio de esquina mantuvo la circulación mínima que permitió a muchas familias seguir su rutina.
Hoy, con la actividad retomando su curso, el contraste dejó un mensaje claro en Morelia: cuando el comercio corporativo se repliega, la economía de proximidad responde. Lo ocurrido no solo evidenció la fragilidad de las grandes superficies ante escenarios atípicos, sino también el peso social y económico de las tienditas, que en los hechos continúan siendo la red más cercana de soporte comunitario.








