Gustavo R. Gallardo
Hoy, sentado nuevamente en el Senado pero como morenista, Morón aplaude la reforma que reduce la jornada laboral a 40 horas semanales y se coloca del lado de los trabajadores, pero en 2012, siendo del PRD, votó sin chistar las reformas del entonces presidente Enrique Peña Nieto en contra de los trabajadores.
La reforma laboral de aquel año fue avalada por PRI, PAN y la mayoría perredista en lo general, la cual legalizaba la subcontratación y flexibilizó el mercado de trabajo bajo la promesa de competitividad.
El resultado fue otro: precarización, inestabilidad y debilitamiento de derechos conquistados durante décadas. El senador michoacano votó por eso.
En el mismo periodo, Morón acompañó el paquete de reformas estructurales del Pacto por México, incluidas disposiciones energéticas y fiscales que desembocaron en aumentos sustanciales a los combustibles (más de 7 pesos en gasolinas) y en una crisis de confianza social, aunado a la devaluación del peso mexicano.
Su posición actual en torno a la “reforma de las 40 horas” contrasta con el modelo anterior que afectó condiciones laborales, la cual ha sido vista como una intentona por reivindicarse, pero que no deja de ser una contradicción.







